A medida que el incesante resurgimiento de la alimentación natural y biológicamente apropiada gana un justo, sólido y enorme terreno frente a las dietas ultraprocesadas, también han circulado innumerables advertencias y terrores infundados y alarmantes para asustar al consumidor. Como referentes del sector y férreos defensores del excelente bienestar animal en Mendoza, nos detendremos metódicamente a derribar los mitos infundados más habituales sobre la comida de humedad real.
Mito 1: «La carne cruda los vuelve violentos»
Esta afirmación carece por completo de la ínfima base lógica o sustento etológico veterinario. Tratar cariñosamente a un perro con un plato altamente digestivo, rico y acorde a los milenarios dictados incuestionables de su valioso sistema gástrico e instintivo promueve, en realidad, un gigantesco enorme estado de placer cerebral y saciedad extrema. Los perros mimados con comida B.A.R.F. son perros exponencialmente más dormilones, amables, obedientes y relajados, simplemente gozando de que hoy ya no sufren acidez, sed crónica o constante dolor intestinal.
Mito 2: «Riesgo inminente de parásitos y bacterias»
Es innegable que toda carne expuesta contenga algún grado biológico y variable de carga bacteriana en su rica estructura microscópica, pero la naturaleza ya lo tenía sabiamente cubierto hace cien mil años. Anatómicamente y en estado de vigorosa salud gástrica, el cortísimo tracto instestinal y los extremadísimos ácidos del estómago carnívoro de un perro deshacen letal y violentamente bacterias como la codiciada Salmonella o E. coli mucho antes de que pudieran proliferar y causar un temible daño orgánico. No obstante, extremando seguridades, todos nuestros menús congelados se rigen por un inquebrantable congelamiento ultra profundo a -20 grados por períodos mayores a 72 horas, aniquilando activamente cualquier traza e inhabilitando quistes de Toxo de forma completa e instantánea.